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Abr

2026

Melchora Ipanaqué: “Aquí aprendí valores que llevé a mi casa y a mis hijos…”

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Después de casi cuatro décadas, Melchora, “Meche” para sus amigas de Campus Piura, se despide de la UDEP con gratitud, recuerdos inolvidables y la satisfacción de haber sacado adelante a su familia.

Por Jubitza Morales Lozada. 28 abril, 2026.

Tenía 27 años cuando la señora Melchora Ipanaqué llegó a la universidad, en 1987. En ese entonces, el campus era muy distinto: menos edificios, más caminos de tierra y amplios espacios de bosque. “Caminábamos las áreas de la universidad, que en ese entonces eran muy pocos edificios como el 80, la Ermita, el Principal… el resto era puro campo”, recuerda.

Meche llegó gracias a la recomendación de un conocido. En aquel tiempo se dedicaba a vender productos para apoyar en su hogar. Desde entonces, no se desligó de la universidad que marcaría su vida.

Entre trabajo y familia
Desde el inicio, Meche combinó su labor en limpieza con el cuidado de su familia (su esposo y sus cinco hijos). Recuerda que uno de los momentos más difíciles fue dejar a sus pequeños para ir a trabajar. “A las tres de la mañana ya tenía que estar levantada para dejar todo listo, su desayuno y su lonchera para el colegio”, cuenta. Sin embargo, con el apoyo de su esposo, logró salir adelante.

La universidad no solo ha sido el centro de trabajo de Melchora, sino también un apoyo constante. Dos de sus hijas, Lidia y Teresa Pérez, estudiaron en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (Contabilidad) y en la Facultad de Ciencias de la Educación, respectivamente, lo que es uno de sus mayores orgullos. “Me voy con la satisfacción de ver a mis hijas profesionales y por saber que la universidad ha sembrado en ellas mucho conocimiento y valores que las hacen ser mejores personas”, afirma.

De espíritu alegre y solidario
Su jefa, Angélica Albán, coordinadora del Servicio de Limpieza, resalta su alegría y su fortaleza: “Extrañaré mucho a Meche porque, a pesar de cualquier circunstancia, siempre está ‘en modo positivo’, dando su nota de alegría, jocosidad y, sobre todo, con su sinceridad a flor de piel. Se puede contar con ella en cualquier situación; posee una gran fortaleza de espíritu, gracias a la cual -junto a su esposo- ha logrado sacar adelante a su familia”, expresa Angélica.

“Como enseñanza, nos queda mucho de su entusiasmo y ejemplo de dedicación en el trabajo”, acota Albán.

Una de sus exjefas, Esther Yaksetig, comenta: “Meche es una señora de gran corazón”. Por ejemplo, relata: ella, su esposo y uno de sus hijos gestionaron el ingreso al Asilo de Ancianos, de un morador que vivía en estado de abandono en el mercado de Castilla. También, resalta su entusiasmo en lo que hace y por su vida en familia. “Disfruta mucho de la playa, estar con su familia y de los paseos con las compañeras de trabajo. Asimismo, como hija, cuidó de su mamá hasta el último momento”, recuerda Esther.

Recuerdos que perduran
A lo largo de los años, Meche ha sido testigo del crecimiento de la universidad y, también, ha construido lazos de amistad que hoy considera parte de su vida. Sus amigas, entre ellas Fátima, Martha, Eva y Melba, la describen como una persona alegre, bromista, muy respetuosa y directa.

Entre risas, recuerdan la vez que tenían que limpiar un aula de la Facultad de Comunicación y nadie de seguridad les traía las llaves. “Entonces, Meche empezó a gritar ‘auxilio, auxilio’ y todos los que estaban cerca corrieron al toque, nosotras no podíamos con la risa… Meche ha sido siempre muy ocurrente”, comentan entre carcajadas sus compañeras.

Además, junto a sus compañeras y amigas -con la asesoría y ayuda de sus jefas- iniciaron la tradición de dar detalles navideños elaborados con sus manos a los trabajadores de la UDEP; en cada mes de diciembre destinaban (aún lo hacen) un día especial para madrugar y dejar los regalitos en cada escritorio de las distintas oficinas del campus. Esta actividad ocupa un lugar especial en sus recuerdos: “Cada detalle lo hacíamos con mucho esfuerzo y cariño”, comenta.

Para ella, el compañerismo ha sido uno de los pilares más importantes de su labor: “Eso es lo que más voy a extrañar, la gente, la amistad, ver a mis compañeros y amigos día a día”.

Lo aprendido y lo que queda
Durante su paso por la universidad, Meche asegura haber fortalecido valores como la honestidad, la responsabilidad y el deseo constante de aprender. “Siempre trataba de escuchar, de aprender palabras nuevas para poder expresarme mejor”, comenta. Esta actitud, heredada de su padre, la acompañó toda su vida: “Nunca hay que quedarse atrás, siempre hay que aprender”.

Hoy, con 67 años y once nietos, se prepara para una nueva etapa. Aunque ahora podrá descansar en su casa con su familia, sabe que extrañará el ambiente y las personas que formaron parte de su rutina diaria. Aun así, asegura que seguirá visitando el campus.

“Para mí, la universidad ha sido mi segundo hogar. Aquí aprendí valores que llevé a mi casa y a mis hijos… Me enseñó a ser mejor persona”, expresa con emoción contenida.

Melchora Ipanaqué se despide, pero deja una huella de trabajo, alegría y dedicación en cada espacio que ayudó a cuidar con entrega y cariño.

¡Gracias, Melchora, por tu entrega y por tantos años de trabajo bien hecho!

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